martes, 4 de julio de 2017

Minerales en ovino I

En Alltech Spain sabemos que un sector importante de la ganadería española es el ovino. Por eso, además de disponer de nuestras soluciones para el ganado ovino, queremos aportar conocimientos útiles para el ganadero.


De esa preocupación, surge esta serie de artículos extractados y traducidos de uno escrito por Alethea Kenney en la revista Countryside Daily. Hemos dividido el artículo original en 3 partes para que su lectura sea más amena, y aquí te ofrecemos la primera parte:

Minerales y enfermedades ovina (I): Una introducción, apuntes básicos y necesidades.

Las deficiencias de selenio pueden acarrear problemas de diversa índole, incluida la enfermedad del músculo blanco

No es frecuente tener presentes las enfermedades ovinas cuando nos encontramos frente a un rebaño para valorar su salud general. Lo primero que llama la atención a la mayoría de la gente en una granja ovina es la lana. Su aspecto algodonoso y la tierna mirada, hacen de la oveja un animal de granja muy atrayente. Este aspecto va más allá de lo que se ve por fuera: empieza por una digestión adecuada, una buena alimentación y un manejo de los pastos apropiado. Sin la concurrencia de estos factores, las ovejas adquieren rápidamente un aspecto desaliñado y enfermizo. Muestran, además, índices reproductivos deficientes, partos difíciles, una baja producción de leche, pierden peso y/o presentan una ganancia de peso reducida y son más vulnerables a padecer enfermedades habituales de este tipo de ganado. Los helmintos irrumpen también en escena (invitando a sus amigos a acompañarles). Todos estos problemas pueden venir de la mano y hacer de la vida del ganadero, una auténtica pesadilla de manejo.

Muchos ganaderos asumen que estas enfermedades forman parte de la producción ovina, son la otra cara de la moneda y algo con lo que tienen que lidiar. Por suerte, no es así. Problemas como producción de lana de mala calidad, trastornos de las pezuñas, bajos porcentajes de partos, dificultades en el parto, ganancias de peso reducidas, poca producción de leche e infestaciones por helmintos son situaciones estrechamente relacionados con la salud del animal y problemas nutricionales subyacentes.

Para ayudar a los ganaderos a hacer frente a estas dificultades, en este artículo abordaré brevemente la importancia de los minerales para restaurar y mantener la salud de las ovejas y maneras de suministrarlos en una forma fácilmente digerible para prevenir y tratar las enfermedades ovinas.

Apuntes básicos sobre los minerales

Puesto que las ovejas son herbívoras, el heno y el forraje cubren la mayor parte de sus necesidades nutricionales. Como todos los seres vivos, las ovejas necesitan también un aporte de minerales, ya que son elementos estructurales imprescindibles para su cuerpo. Pueden satisfacer muchos de sus requerimientos a través del alimento, aunque la mayoría de los ganaderos prefiere suministrar algún tipo de corrector. En un mundo ideal, el suelo, a través del pasto y el heno, sería la principal fuente, pero son muchos los factores que intervienen en la disponibilidad de minerales en los pastos. Las tierras de muchas granjas presentan deficiencias en varios minerales esenciales o han sido tratadas con ciertos fertilizantes que alteran los oligoelementos, por lo que las plantas no pueden asimilarlos (y, por lo tanto, tampoco los animales de pastoreo). Además, la disponibilidad de ciertos minerales puede disminuir si el suelo es demasiado ácido o alcalino o, también, las condiciones climáticas pueden influir en que las plantas absorban una cantidad mayor (o menor) de minerales esenciales.


Los problemas de salud pueden sobrevenir cuando los suplementos minerales:
  • no contienen suficiente cantidad de un mineral especialmente necesario, 
  • lo contienen en una forma escasamente disponible para ser digerido por el cuerpo, o 
  • no lo contienen en absoluto. 



En algunas granjas, la presencia excesiva de ciertos minerales en el suelo, el agua o los alimentos puede alterar el equilibrio de minerales afines o inhibir la asimilación de oligoelementos. En estas situaciones, es posible que los correctores no incluyan los niveles suficientes de un mineral para paliar el problema.

En cuanto a su clasificación, los minerales suelen dividirse en microminerales (o oligoelementos) y macrominerales. Los microminerales son aquellos que se necesitan en muy pequeñas cantidades. Esto no quiere decir que no sean fundamentales para la salud, de hecho pueden desempeñar un papel crítico para la vida... o la muerte. Por su lado, los macrominerales, como el calcio, el magnesio o el fósforo, son necesarios en grandes cantidades. También son esenciales para la salud y la supervivencia: sin la cantidad adecuada de estos minerales, en la proporción justa, las ovejas pueden llegar a morir. Por suerte, los desequilibrios minerales no provocan la muerte, al menos no de forma inmediata. Las deficiencias leves, sin embargo, a menudo desencadenan una serie de enfermedades ovinas y contribuyen a disminuir la producción del rebaño. Este tipo de deficiencias acarrea muchos costes y tiempo al ganadero.


Aumento de las necesidades de minerales

Las situaciones que producen estrés a un rebaño pueden modificar los requerimientos de minerales y alterar el equilibrio ruminal. El estrés aumenta la cantidad necesaria de minerales como el selenio (y la vitamina E), el magnesio e incluso el cobre. El calor y la humedad, el transporte y las infestaciones por helmintos son factores estresantes que pueden contribuir a aumentar los requerimientos de minerales. Un cuadro de tetania (deficiencia de magnesio) puede sobrevenir como resultado del estrés asociado con el transporte, del pastoreo en tierras pobres en magnesio o del aumento de las necesidades de magnesio derivadas de la lactación.

La enfermedad del músculo blanco se debe a una deficiencia de selenio, que puede manifestarse, en el momento del parto, como debilidad en los corderos o retención de placenta o, en los adultos, en situaciones de estrés por calor. 

La mayoría de correctores minerales no pueden contrarrestar este tipo de situaciones: los ganaderos deben estar preparados para modificar sus estrategias de suplementación en función de las condiciones climáticas, el momento del año y las situaciones que aumentan el estrés.

Así, la gestación y la lactación son momentos en que los requerimientos de minerales se intensifican.

Si las ovejas, antes de cubrirlas, no reciben todo lo que necesitan para garantizar una buena salud reproductiva, parirán menos corderos (o simplemente no ciclarán). Los machos, por su lado, pueden producir esperma de peor calidad.

Los problemas de pérdida de peso están relacionados no solo con la ingesta de minerales, sino también con la calidad del alimento. Durante la gestación, la oveja necesita un aporte suficiente de minerales, en una proporción adecuada, para satisfacer no solo sus necesidades básicas de mantenimiento, sino también para el crecimiento fetal y prepararse para el parto y la lactación. Sus necesidades van aumentando a medida que los fetos crecen.

Tras el parto, los requisitos de macrominerales (como el calcio y el magnesio) se disparan para dar respuesta a la demanda derivada de la lactación.

Los corderos que nacen con ciertas deficiencias de minerales pueden presentar problemas de desarrollo e incluso morir antes de alcanzar la madurez.

Así, las deficiencias de cobre y selenio provocan debilidad en los corderos por varias razones. La deficiencia de selenio está asociada con la enfermedad del músculo blanco y un cuadro de debilidad, mientras que en el caso del cobre, se relaciona con una función nerviosa alterada y ataxia enzoótica. Si los corderos sobreviven (normalmente por los muchos esfuerzos del ganadero), es posible que su crecimiento sea insuficiente y pueden morir de forma espontánea por causas como una deficiencia de cobre.

El selenio está también estrechamente relacionado con la función inmunitaria y la fertilidad y actúa como antioxidante (una propiedad importante para la protección de los glóbulos rojos), por lo que su relevancia se extiende más allá del parto. En cuanto a la salud inmunitaria, el cobre es importante durante toda la vida e interviene en la capacidad del cuerpo para utilizar el hierro (y, por lo tanto, para producir hemoglobina en la sangre) para prevenir enfermedades ovinas y en la producción de lana, el crecimiento de los huesos y la salud reproductiva.

Un apunte sobre el cobre

Las ovejas necesitan cobre, pero, en comparación con el resto de especies ganaderas, la línea existente entre toxicidad y deficiencia es mucho más delgada. Los suelos y el forraje son fuentes de cobre, además del heno comprado u otros suplementos que, por lo tanto, pueden satisfacer las necesidades del animal sin ningún otro tipo de aporte adicional. Para rizar el rizo, cabe señalar que algunas razas ovinas son más sensibles al cobre, pueden almacenarlo más fácilmente o pueden precisar y tolerar niveles más elevados de este mineral. Esta realidad dificulta aún más la vida del ganadero, a menos que se lleven a cabo análisis para determinar los niveles de cobre presentes en la granja y en los animales. El análisis de los niveles hepáticos es la mejor manera de evaluar cómo está utilizando cada oveja el cobre y el resto de minerales disponibles. A menos que un ganadero conozca el nivel de cobre que presenta su rebaño, las ovejas no deberían recibir aportes adicionales.

La forma en la que se suministra el cobre también desempeña un papel importante en la disponibilidad de este mineral para ser digerido y absorbido por el rumen. 

El óxido de cobre no se absorbe nada bien. El sulfato de cobre se absorbe algo más y la forma que presenta una mejor absorción es el quelato de cobre. La toxicidad asociada al cobre puede ser diagnosticada por un veterinario. Los síntomas son depresión, inapetencia, orina de color rojo e ictericia. Llegados a este punto, cuando los síntomas de intoxicación son evidentes, la oveja puede llegar a recuperarse con tratamiento, pero sin él, la muerte es prácticamente segura. Los tratamientos convencionales para las intoxicaciones por cobre incluyen el uso de molibdatos que se unen al cobre. Otros tratamientos, como dosis elevadas de vitamina C, plantas medicinales que favorecen la función hepática o renal, remedios homeopáticos o caliza dolomítica (rica en calcio y magnesio), pueden ayudar a reducir los efectos tóxicos y contribuir a la curación.


Las próxima semanas hablaremos de otros aspectos claves de los minerales y su relación con las enfermedades ovinas.